Verano cordillerano
Extraño sentarme frente a las montañas con mi caja de lápices de colores. Incluso ahora, sin siquiera cerrar mis ojos, puedo ver la luz amarillenta de la tarde, mientras el viento mece al pasto y y

Extraño las caminatas entre los árboles frutales, los choclos y la alfalfa; las salidas a buscar moras y nadar en la poza del río.
Echo de menos los paseos a la montaña mientras, a través de la ventana del auto, mis ojos se fijan en las altas rocas y en las nevadas cumbres que me cortan la respiración.
Ese es mi lugar favorito en el mundo, justo entre las montañas; allá, donde el viento corre con fuerza y se impone sobre cualquier otro ruido; donde las cimas nevadas se ven tan cerca pero tan lejanas a la vez, mientras los cóndores y los aguiluchos planean bien arriba, pareciendo nada más que una ínfima línea en movimiento; allí, tan alto pero tan lejos del vasto cielo azul, es imposible cuestionar la existencia de Dios; allá soy otra, allá, soy yo.
Aún siento la falta del río al que todavía puedo escuchar y que, junto a los grillos, en vez de desvelarme cada noche, tiene ese efecto narcotizante; y ese mar de estrellas incrustadas, brillantes, en el oscuro cel

Quisiera poder estar ahí, donde el mundo es otro, donde parece de fantasía pero que es realidad pura; en ese lugar inserto entre los cerros y donde una casita de madera y piedra espera ser habitada durante los cálidos y secos días del verano cordillerano.
3 Comments:
fran, suena tan perfecto... cualquiera quisiera estar ahí, especialmente ahora, para salir un rato de la tediosa rutina
te quiero! :*
franchi mcandless :P
jajaajja
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